viernes, 27 de marzo de 2020

Cuestión de contrastes

Quizás, después de un abandono más que absoluto y teniendo en cuenta la situación excéntrica que nos ocupa a causa de ese pequeño virus con silueta de corona, ha llegado el momento de volver a dedicar unas líneas a aquello que me oxigena. El mundo parece haberse tomado un respiro: las fronteras, cerradas a cal y canto; las ciudades, azotadas por la pandemia; las personas, relegadas al confinamiento. Ahora, con mi vida en 'stand by', encerrada entre cuatro paredes, intentando dejar a un lado el dolor que se condensa en la atmósfera, he optado por evadirme. Viajar no siempre es huir, a veces es querer quedarse, encontrar un hogar a millones de kilómetros de casa.

 
Con todo lo moderna que me creía, lo cierto es que siempre fui una mujer de convicciones, de rutinas, de tradiciones; por eso, que uno de los pilares fundamentales que sostenían mi estabilidad se mudara durante unos meses a la punta opuesta del globo terráqueo me tenía al borde de la taquicardia. Sin embargo, fui fuerte, nunca jamás se lo dije, la apoyé hasta las últimas consecuencias y, tras hacer las gestiones oportunas en el trabajo, adquirí un billete de ida y vuelta con destino Shanghái. Finales de octubre, comienzo de la aventura. Ahí estaba yo, de pie frente al mostrador de Iberia esperando el exterminio de una larga línea hasta facturar mi equipaje. Fue entonces, a un paso de embarcarme en un vuelo de, aproximadamente, 12 horas, cuando presentí que los kilómetros que me separarían de mi Madrid natal no me iban a hacer echar de menos la tierra que me cobija.
 
La llegada a Shanghái se hizo larga, aunque tardaría cinco horas más en alcanzar mi destino final, Ningbo. Ubicada en la provincia de Zhejiang, se ha consolidado a lo largo de los años como el principal puerto de la región. Tras un vuelo interminable y un viaje en autobús agotador conseguí encontrar a mi amiga en la estación; créanme si les digo que fue poco menos que una odisea. Minutos después, tras un abrazo que 'ni fu ni fa', porque nunca tuvimos esa clase de relación de amigas que se demuestran con gestos de cariño que se quieren, tomamos un Didi hacia nuestro hotel. Una ducha más tarde y mil historias de por medio nos llevaron hasta el centro de la ciudad. Allí, en un pequeño restaurante nada abarrotado debido a las horas que corrían, comimos baos e hicimos la promesa de volver pronto a 'casa' para descansar. Antes de conocer a quienes serían el 'squad' de mi amiga y mis próximos anfitriones en sus planes, paseamos por el campus de la Universidad de Nottingham. Descubriendo todos los rincones del enorme complejo, parecía como si nos hubiéramos trasladado, casi sin quererlo, a los veranos que disfrutamos en la localidad inglesa. Años más tarde, quién nos iba a decir que acabaríamos rememorando aventuras en versión asiática. Esa noche recordé por qué siempre quisimos irnos. Constatar que tenía un bar de confianza como Mohar al lado de la universidad donde jugar a los dados y las apuestas y beber Tsingtao en torres de litros me dio la vida y me la quitó con la resaca que nos proporcionó al día siguiente.
 
 
Drum Tower Complex at the Old Town, Ningbo. Imagen: Irene Iglesias Álvarez
 
 
Las primeras horas en China servirían como prólogo a lo que vino después. Anduvimos kilómetros descubriendo una ciudad inmesa. Entre las principales atracciones a disfrutar hagan hueco a la Librería Tianyi, al Museo de Ningbo, el Templo Asoka o el Templo Tiantong, o como punto de interés al Ningbo Wulong Pond. Párrafo aparte para el corazón de la ciudad, 'Old Town', situado en la confluencia de los ríos Yong y Yuyao. Los colores vibrantes, la arquitectura tradicional china, la forma en la que lo antiguo y lo moderno conviven, las pequeñas tiendas y comercios que atraen a los turistas y locales, los nuevos olores provenientes de la cocina en la calle son solo unas pinceladas de lo que esconde. Una vez me fui acostumbrado a la comida con palillos y a los baños chinos, me sentía en armonía.
 
Desde Ningbo nos montamos en un tren hasta la provincia de Hangzhou, una ciudad maravilla bañada por el agua. Tres pilares importantes que visitar: el Templo Lingyin, la pagoda de las 'Seis Armonías' y el West Lake. El lago del oeste y su pintoresco y vasto paisaje son de una belleza inimaginable, no en vano fueron nombrados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Podéis disfrutar del West Lake y de sus más de 8 kilómetros de extensión desde la ciudad o pasear con una barca contemplando los bellos paisajes que tantos mitos y leyendas han aportado a la literatura china.
 
 
Day off. West Lake in Hangzhou. Imagen: Irene Iglesias Álvarez

 
 

Shanghái fue el último peldaño antes de emprender el rumbo a Madrid. Me cautivó. Aún, a día de hoy, sigo tachando números en el calendario para volver. Creo que sigo sin palabras, pero trataré de explicarlo. Hay sitios, rinconcitos, que inevitablemente te enganchan, su energía conecta con tu ser, cosechas millón y medio de anécdotas en sus calles y te perderías por los viales cualquier día de tu vida sabiendo que siempre descubrirías algo nuevo. De eso se trata. La curiosidad no mató al gato, queridos, hizo que este se supiera más fuerte; la información es poder, os lo recuerda una periodista. Hace años que cualquiera que me conoce sabe que soy una mujer cosmopolita, quizás por eso Shanghái y yo encajamos como piezas de puzle.  Una ciudad de contrastes dividida por el río Huangpu: a un lado, el Bund; al opuesto, Pudong. El Bund todavía conserva algunos edificios de origen gótico, románico, neoclásico, barroco y renacentista que constituyen un legado del primer distrito comercial de la ciudad; en contraposición, Pudong ofrece la visión más moderna de un armonioso 'skyline'.

From the Bund, directly to your heart. Imagen: Irene Iglesias Álvarez


Hay un sinfín de blogs de viajes dedicados, exclusivamente, a la recomendación de lugares, a la elaboración de hojas de ruta para x días; no obstante, quería hacerles partícipes de cómo, cuando dejas los prejuicios en casa, te enamoras. Ese es mi 'motto' sobre viajar. Nunca creí que escribiría sobre China con un mimo especial, que tendría un deseo irrefrenable de regresar. Por eso precisamente este post no les servirá como guía, sino como aliciente. A estas alturas de la entrada se habrán percatado que cuento una experiencia, no enumero lugares, y quería concluir en la misma línea, aunque sí que les diré sin lo que no pueden pasar: Old Town Shanghái, fake market, People's Square, Owner Circle Club, The Captain... ¡Ya me lo agradecerán!

Shanghái fue vibrante, cansado, pero pleno. Fue oxígeno en vena, ilusión por vivir, aspiración y despedida emotiva. En el aeropuerto de Pudong, tras una última noche en Bar Rouge, entendí que el miedo es un sobrepeso en el equipaje del que debemos deshacernos, que no quería volver a Madrid, que ya me sentía en casa. De esta forma, iniciada la cuenta atrás para acostarme en un incómodo asiento en turista, me reafirmé en que no es dónde, sino con quién. Gracias, amiga.


 

martes, 29 de agosto de 2017

Vecchia Milano

Esta vez, vuelvo a cambiar las reglas. Allá va mi experiencia en la capital de la moda europea en dos momentos diferentes del año: febrero y julio. Sí, hay muy poco espacio de tiempo entre ambas escapadas, pero el amor y el Prosecco me llamaban, y yo no podía decir que no.

Febrero.

Aterricé y, como escribió Dino Buzzati, "era uno de tantos días grises de Milán, pero sin lluvia, con ese cielo incomprensible que no se sabía si eran nubes o sólo niebla". En el transcurso de mi viaje hasta el centro de la ciudad, un pensamiento recurría de forma insistente mi mente: a pesar de su antigüedad, Milán, Milano, parecía fría e industrial, como si no tuviese el corazón, la calidez y el color característicos de Italia. No sabía lo que me esperaba. Según fui adentrándome en la capital descubrí superficialmente los secretos que ésta albergaba.

|Galleria Vittorio Emanuele II|


De la mano de mi querida amiga Francesca Sillini, desnudé la ciudad, me perdí, aprendí, me reinventé, me enamoré y me reafirmé en la idea de que no hay nada como un buen aperitivo a la milanesa. Siempre me gustaron las ciudades con tranvía, imagino que las relaciono con la idea romántica del no transcurrir del tiempo. Así, las dos, con paraguas en mano por si acaso, tomamos el 17 dirección al Duomo. La Piazza del Duomo, símbolo inequívoco de la capital europea de la moda, se mostraba imponente ante nosotras. Allí, la catedral de estilo gótico, con toda su enormidad me daba la bienvenida a la ciudad. Paseamos por la Galleria Vittorio Emanuele II, uno de los pasajes comerciales más bonitos del mundo, y cambiamos de dirección hacia la plaza de la Scala, donde pude observar su fabuloso teatro. De camino hasta el castillo Sforzesco, descubrimos la Piazza Mercanti, donde se encuentra el Palazzo della Regione. Atravesando via Dante, una de las más importantes de la localidad, divisamos al fin el castillo Sforzesco, construido inicialmente como fortaleza en 1368. Tras la caminata, decidimos tomar el famoso aperitivo italiano en el área de Navigli, una de mis favoritas. Cuando llegamos a UGO, me conquistó. Definitivamente entendí que la felicidad es compartir una copa de vino brindando por la amistad en cualquier rincón del mundo. Finalizamos la noche en Ricci, otro lugar con encanto situado cerca de la Piazza della Repubblica.


|Atardecer en Navigli|



|Prosecco at UGO|
Febrero y el vino hacían de las suyas, y durante los siguientes días decidimos tomárnoslo con calma. Recorrimos el Cementerio Monumental admirando la grandiosidad de la arquitectura de las tumbas, visitamos la iglesia de Sta. Maria delle Grazie con el fin de poder contemplar la última cena de Leonardo Da Vinci, admiramos la basílica de San Ambrosio y callejeamos por Chinatown. Anduvimos por Navigli horas y horas, con una copa de vino en la mano y una sonrisa en la cara, disfrutamos de los aperitivos en Moscova y Le Colonne. Fue entonces cuando supe que tenía que volver. Milán, frenética como pocas, me cautivó por completo.




Julio.

Sólo había pasado un mes desde el momento más duro y traumático por el que he tenido que atravesar en mi vida. Necesitaba escaparme. Huir. Irme lejos. No recibir condolencias. Asumir el dolor para poder volver a ser yo. Necesitaba espacio y cariño -más de lo primero que de lo segundo. Tenía que asumir el vacío para continuar, así que hice las maletas y me fui. Esta vez fueron un grupo de italianos los que con su parloteo y carisma me hicieron volver a reír fuerte, a carcajada limpia.

|Duomo|


Aterricé y, al contrario que en febrero, una ola de calor me invadió. No podía aguantarme las ganas de ver Milano soleada, vibrante de buen humor. La familia me acogió con una increíble cena italiana en Vía Giuseppe Ripamonti antes de salir de fiesta a VOLT. De los italianos he aprendido que, como la familia,  el techno y los aperitivos son sagrados. Y en eso se basó mi viaje.

Incitada por mi querido Giacominino, tomamos un tren en la estación de Cadorna hasta Como Nord Lago. Una vez allí, accedimos a los jardines de Villa Balbianello. Esta villa fue edificada en 1787 por el cardenal Angelo Maria Durini; sin embargo, tras su muerte fue Giuseppe Arconati Visconti quien la adquirió mejorando los jardines. Las vistas son encantadoras, al igual que las panorámicas que se pueden observar desde el funicular que te lleva a la fonte del Pissarottino. Si podéis, os recomiendo alquilar un barco para disfrutar cómodamente de los parajes que ofrece la región de Lombardía. Desde mi punto de vista, fue lo mejor de la escapada. Además, la región de Como es famosa por sus telas de alta calidad, así que no dudéis en adquirir un lujoso y bonito detalle de la localidad. Para culminar el día, cenamos en Madeira y terminamos la noche en Le Jardin, Milano.

|Lago di Como|



|Terme Porta Romana|
Tocaba volver a las andadas después de un día alejados de la ciudad, así que decidimos hacer de Porta Romana un paraíso. Descubrí por sorpresa -benditos y románticos italianos- las termas que albergaba Porta Romana y disfruté de un día inigualable. El edificio de estilo art nouveau ofrece un viaje multisensorial: desde tratamientos de masaje relajante hasta brunch a orillas de la piscina. Más calmada que nunca aparecí en Colonne di San Lorenzo, de día un monumento plenamente turístico, de noche, un guiño a la movida milanesa.

Recorrí innumerables rincones y galerías, me bebí incontables copas de vino, descubrí los mejores lugares donde tomar el aperitivo y bailé al son del mejor techno de la ciudad. Entre mis lugares favoritos siempre estarán cualquier recodo a las orillas de Navigli, Dolce&Gabbana Bar Martini, Radetzky en Moscova...

Hace mucho que aprendí los beneficios que obtienes de viajar, pero este viaje me ha enseñado mucho más. Quien bien te quiere te brinda, te coge la maleta después de un viaje largo, te escucha, te aconseja, te hace reír, se recorre la ciudad en busca de crema antibiótica contra las picaduras, te sorprende, te mima, te hace de rabiar, te cocina, baila contigo y te añora antes de marchar. Grazie raggazi, nos vemos pronto. Hasta la próxima, Milano.



Escapada a la portuaria Marsella

Que el mar cura, es algo que aprendí hace muchos años de mamá. Marsella me acogió entre un fino olor a sal, sol y numerosos rincones que descubrir. A pesar de mi idea preconcebida, he de decir que tras un par de días en la región de la Provenza, cuento las horas para volver.

|El mar cura. Atardecer Fort St. Jean|
Era febrero cuando decidí embarcarme en otra aventura y visitar el sur de Francia. Marsella fue paz en el momento más caótico de mi vida. Mi andanza comenzó despertando todos mis sentidos en torno al Vieux Port, el llamado Puerto Viejo de Marsella. Allí, en el corazón de la ciudad, imaginé innumerables historias de pescadores, comerciantes y viajantes extranjeros. Desde el S.XVII, la entrada al puerto está vigilada por dos fuertes desde los que contemplar atardeceres utópicos: Fort Saint Jean y Fort Saint Nicolas



Mi fascinación por el mar comenzó desde pequeña; quizás sea por eso que siempre soñé con tener un barco con el que navegar y disfrutar de las maravillas escondidas en las islas y los mares. Pero de sueños se vive, así que tuve que conformarme con visitar el archipiélago de Frioul en una embarcación turística. Frioul está compuesto por cuatro islas situadas en las aguas del mediterráneo: Pomeguès, Ratonneau, If y Tiboulen. El archipiélago con silueta de piedra caliza, perteneciente a Marsella desde 1971, está inserto en el Parque Nacional des Calanques.

|Parque Natural des Calanques|

Poco a poco nos fuimos adentrando en la ciudad. La pateamos. Nos perdimos. Nos encontramos. Y la disfrutamos -mucho. Visitamos incontables iglesias olvidadas en callejuelas cualquiera, la Cathedrale Notre Dame De La Major, construida con piedras de color rosa procedentes de la cantera La Couronne, el Musée Des Civilisations De L´Europe Et De La Mediterranée (MUCEM), la extensa Canebiére, ampliación de la ciudad ordenada por Luis XIV, el asombroso Palacio de Longchamp, el barrio Le Panier, de belleza inigualable y memorable historia...

|Atardecer Notre-Dame de la Major|


Sin lugar a dudas, he creído necesario realizar un párrafo a parte para relataros cómo exploramos la imponente basílica de Notre-Dame De La Garde. La noche anterior a nuestra visita a la basílica de culto católica, disfrutamos con todo en Le Panier, así que decidimos hacer uso del Petit Train Touristique de Marseille para llegar hasta lo alto de la colina de la Garde. ¡La mejor idea del mundo! Situada a 162 metros de altura al sur del Vieux-Port, su silueta de estilo neo-bizantino está coronada por una efigie dorada de 11 metros de altura que representa a la Virgen María sobre el campanario. La basílica es popularmente conocida como la Bonne Mére.

|Vistas desde Notre-Dame de la Garde|


Alguien dijo alguna vez que cuando los hombres necesitan la diversidad, viajan. Así lo hicimos, durante cuatro días fuimos parte de la multiculturalidad que reina en Marsella. 

lunes, 29 de agosto de 2016

Dublín, un lugar mágico

Esta vez, me embarcaba en un viaje diferente: durante quince días tendría el placer de renacer en Dublín. Y así fue, empecé de cero, me reinventé y, "cuando yo muera, Dublín estará -aún- escrito en mi corazón".


Mejor tarde que nunca.

Contra todo pronóstico, minutos después de aterrizar, quedé embelesada por la ciudad. Dublín, capital de la suerte, de los pubs, de la música en directo, de las fábulas y leyendas, de las flores, del whiskey (agua de la vida para los irlandeses)  y, como no, de la cerveza, se presentaba ante mí con un color grisáceo debido a su cielo encapotado, que acentuaba aún más si cabe, el contraste con la personalidad de sus habitantes.

Un viaje diferente cuanto menos. En primer lugar, el motivo de mi visita a la capital de la República de Irlanda residía en la necesidad de mejorar mi nivel de inglés; por ello, asistía diariamente al Horner School. Este hecho supuso que dejase de lado la alternativa de hospedarme en los mejores hoteles de la ciudad y buscase una residencia estudiantil. Y así fue, junto al río Liffey y cobijada en el área financiera de Dublín (IFSC), se erguía el National College of Ireland (NCI), mi hogar durante mi estancia en la capital.

Cosmopolita a la par que íntima, Dublín se divide en veinticuatro distritos diferentes comprendidos en dos zonas separadas por el río Liffey y los numerosos puentes que vinculan ambas partes de la ciudad. Entre dichos puentes cabe destacar el Ha´ penny Bridge o el Puente del Medio Penique, su nombre se debe a que antiguamente, durante la época de crisis que sufrió la ciudad, todo aquel que quisiera cruzar de un lado a otro del río debía pagar un peaje de medio penique. Además, señalar otros viaductos como: Puente del Milenio, Puente O´Connell o el Puente Sean O´Casey.

|Río Liffey, Dublín|

Dublín es una ciudad pequeña y acogedora, no obstante, está muy viva. Entre todo lo que pude visitar en mi estancia en la capital recomendaría: dentro del área medieval, la Catedral de San Patricio, el "Dublin Castle" y la cárcel de la ciudad, "Kilmainham Gaol". En cuanto al Dublín del S. XVIII, conocido como período georgiano, cabe destacar el Trinity College, con su embelesante biblioteca donde se encuentra el Libro de Kells, el Banco de Irlanda, el monumento a las víctimas de la gran hambruna irlandesa y la calle más emblemática de la ciudad, Grafton Street, donde podremos apreciar la estatua dedicada a Molly Malone y tocarle el pecho para asegurarnos nuestra vuelta a la capital de la República de Irlanda. De ambiente moderno, destacar sin lugar a dudas, la famosa Fábrica Guinness y el mirador situado en el último piso de la misma, desde donde podrás contemplar unas vistas increíblemente bellas de la ciudad.

|Vistas desde la Guinness Storehouse|


Párrafo a parte para mi zona preferida, aquella que me robó el corazón nada más verla: el área de Temple Bar. De belleza superlativa, Temple Bar constituye el eje principal sobre el que se yergue la vida noctura de la capital irlandesa; atestado de pubs centenarios, flores, cerveza y canciones folclóricas es sin duda un rincón en el que pasar momentos inolvidables. Destacar las "Monday Nights at The Temple Bar" con música en directo para cantar a pleno pulmón en uno de los pubs más famosos de la ciudad. No obstante, para los inconformistas y amantes inigualables de la fiesta, existe la alternativa de las discotecas: Dicey´s Garden Club, The Riverbar, Howl at the Moon ...

|The one&only, The Temple Bar|


Añadir, que durante mi estancia en Dublín, también pude recorrer parte de Irlanda del Norte y descubrir: "Carrick-a-rede-rope-Bridge", "Cliffs of Moher", "Giant´s Causeway" y montones de lugares asombrosos. Asimismo, si podéis, no dudéis en visitar pueblos y aldeas costeras cercanas a la capital: Howth, Malahide, Dalkey ...

|Carrick-a-rede-rope-bridge views|

|Carrick-a-rede-rope-bridge|

|Giant´s Causeway|


Aterricé en Dublín en un momento difícil en mi vida y resultó ser un soplo de aire fresco, una fuente de energía inmesurable y un lugar que llevar en la piel. Así, "cuando yo muera, Dublín estará escrito en mi corazón".

miércoles, 20 de abril de 2016

"Todo sobre Florencia parece estar coloreado con un tono violeta suave, como el vino diluido"

Esta vez, con maleta y pasaporte en mano, me dispuse a emborracharme a costa del arte florentino.


Conocida como la Ciudad del Arte, Firenze, me acogió entre sus históricas calles. Esta pequeña metrópoli situada en la región toscana del territorio italiano, constituye, desde mi punto de vista, la embajada europea de arte e historia. Si bien es conocida por sus famosos monumentos, en camino del uno al otro, vino el resto, apareciendo ante mis ojos imponentes obras de arte.

Iglesias Álvarez, Irene | Piazzale Michelangelo views.

Florencia, capital de la Toscana,  es una de las ciudades más bellas del mundo para revivir el renacimiento y sumergirse en un paradigma de la cultura europea que evoca el espíritu más profundo del arte y la historia occidental. Desbordante, apasionante, escultural, grandiosa, la ciudad del arte se estructura en torno a  dos espacios: centro religioso, con la Piazza del Duomo como epicentro, y el centro político, coronado por la Piazza de la Signoria.




El centro religioso de la ciudad se alza principalmente en la Piazza del Duomo. Allí, encontramos el Duomo, o catedral, Santa Maria del Fiore, con un impecable estilo gótico. Frente a la catedral, el Baptisterio di San Giovanni, obra maestra encuadrada en el romántico florentino. Tras la catedral, el Campanile di Giotto, o campanario, conocido como "el lirio de Florencia", punto panorámico de la ciudad junto con el mirador situado en Piazzale Michelangelo.

Iglesias Álvarez, Irene | Duomo.


La Piazza della Signoria, sede del poder civil, alberga en su interior el Palazzo Vecchio. Considerada el corazón de la vida social de la ciudad, se encuentra en la parte central de la Florencia Medieval, al sur del Duomo, a pocos pasos del río Arno y el Ponte Vecchio.

Iglesias Álvarez, Irene | Santa María Novella.

Según la tradición de la Fontana del Porcellino, quién ponga una moneda en la boca del jabalí de bronce, y consiga que ésta entre por la reja situada debajo del animal, tendrá buena fortuna y se asegurará su vuelta a la ciudad. Por ello, y gracias a mi buena maña, aún no le puedo decir adiós a esta bella ciudad, sino hasta pronto.


Por último, me gustaría añadir que se trató de un viaje increíble a la par que especial. En primer lugar, gracias Javier Gutiérrez Quintana, por acogerme, por hacer de su casa la mía en mi estancia en la capital, por hacerme feliz y por hacerme sentir orgullosa de ti. Ti voglio tanto, tanto, bene. A Cristina Caselles Ibáñez, gracias por el cariño, por la paciencia, por las confidencias, por las aventuras. Battisti: "Io ti apro il mio cuore".

¡Ciao Firenze!



lunes, 28 de marzo de 2016

Berlín, inspiradora a la par que revolucionaria

Hace unas semanas regresé de Berlín con una sensación revolucionaria. Intuyo- no sé si hábilmente- que esto se debe al carácter reivindicativo que queda plasmado en ciertos monumentos, calles e, incluso, en la personalidad de los habitantes que conforman la ciudad. Berlín es irreverente. A priori, jamás hubiese adivinado que se tratase de la capital de la sobria y formal Alemania.


La ciudad berlinesa es un templo para los amantes de la historia del mundo actual. Berlín trata de cultivar a sus paisanos y a los turistas que acoge, mostrando los resquicios del acontecer que tuvo lugar en sus calles. La cultura hace la revolución; es imposible una revolución sin cultura y, permítanme añadir que, sobre eso, Berlín tiene idea.

Iglesias Álvarez, Irene | Berlín Wall: Save Our Earth.

La capital alemana es una ciudad moderna, tras la 2º Guerra Mundial, la mayoría de la metrópoli, junto a los edificios y monumentos más significativos, quedaron destruidos. Aún así, Berlín está repleta de lugares que descubrir: la famosa puerta de Brandemburgo, la catedral de Berlín, el Reichstag, Checkpoint Charlie, la Isla de los Museos y el emblemático Muro de Berlín, entre otros.

Iglesias Álvarez, Irene | Brandemburg Tor sunset.


Siempre la consideré especial. A día de hoy, he averiguado el porqué: es una ciudad valiente, luchadora, reivindicativa, soñadora, tolerante e inspiradora. Ich bin ein berliner!

Iglesias Álvarez, Irene | West Side Gallery, Berlín.
En un contexto diferente, años más tarde, con el muro a medio derruir y convertido en una obra de arte liberal, oponiéndome a la famosa frase que pronunció Reagan: "Señor Gorbachov, eche abajo este muro", he de decir que ojalá siga en pie muchos, muchos años más.

Ha sido un placer, Berlín. Nos volveremos a ver.


martes, 22 de marzo de 2016

Atentado en Bruselas: 21 muertos en el aeropuerto y en el metro de la ciudad

Hoy, martes, Bruselas ha sido golpeada con una serie de explosiones en el aeropuerto  y en una estación de metro ubicada en las proximidades de las instituciones europeas. La tragedia se ha saldado con 21 muertos - 11 de ellos en el aeropuerto y 10, en las inmediaciones del metro- y decenas de heridos de acuerdo con la agencia France Press, citando fuentes de los bomberos belgas.


Bruselas ha amanecido entre explosiones y pánico. Dos explosiones han sacudido esta mañana la capital belga dejando, al menos, 21 muertos en este nuevo atentado suicida, según informa la fiscalía belga. Las dos primeras explosiones han tenido lugar en el principal aeródromo del país, en el área de salidas del aeropuerto de Bruselas-Zaventem, poco antes de las 08:00 horas.

El País, Internacional.

Apenas hora y media más tarde, se ha registrado una nueva explosión en el metro de Bruselas, en la estación de Maelbeek, muy cerca de todas las instituciones europeas. Hay imágenes de humo en esa estación, que ha sido clausurada. Fuentes policiales confirman que hay víctimas mortales.

El Gobierno de Bruselas ha cerrado todas las líneas de transporte público. El primer ministro, Charles Michel, ha pedido a la ciudadanía que "evite cualquier desplazamiento" como medida de precaución. Tras las explosiones, la frontera por carretera y tren entre Bélgica y Francia ha sido cerrada, informa el diario francés Libération. Y la red europea de trenes de alta velocidad Thalys —con conexiones entre París y Bruselas, Colonia y Ámsterdam— ha anunciado que ha interrumpido por completo sus trayectos. La compañía Eurostar, que conecta por tren Bruselas, París, Londres y Lieja, entre otras ciudades, ha cancelado sus servicios con origen o destino en la capital belga.



Las explosiones en Bruselas se producen tres días después de la detención en Bruselas del yihadista Salah Abdeslam, huido tras los atentados del 13 de noviembre en París, que provocaron 130 muertos.