martes, 29 de agosto de 2017

Vecchia Milano

Esta vez, vuelvo a cambiar las reglas. Allá va mi experiencia en la capital de la moda europea en dos momentos diferentes del año: febrero y julio. Sí, hay muy poco espacio de tiempo entre ambas escapadas, pero el amor y el Prosecco me llamaban, y yo no podía decir que no.

Febrero.

Aterricé y, como escribió Dino Buzzati, "era uno de tantos días grises de Milán, pero sin lluvia, con ese cielo incomprensible que no se sabía si eran nubes o sólo niebla". En el transcurso de mi viaje hasta el centro de la ciudad, un pensamiento recurría de forma insistente mi mente: a pesar de su antigüedad, Milán, Milano, parecía fría e industrial, como si no tuviese el corazón, la calidez y el color característicos de Italia. No sabía lo que me esperaba. Según fui adentrándome en la capital descubrí superficialmente los secretos que ésta albergaba.

|Galleria Vittorio Emanuele II|


De la mano de mi querida amiga Francesca Sillini, desnudé la ciudad, me perdí, aprendí, me reinventé, me enamoré y me reafirmé en la idea de que no hay nada como un buen aperitivo a la milanesa. Siempre me gustaron las ciudades con tranvía, imagino que las relaciono con la idea romántica del no transcurrir del tiempo. Así, las dos, con paraguas en mano por si acaso, tomamos el 17 dirección al Duomo. La Piazza del Duomo, símbolo inequívoco de la capital europea de la moda, se mostraba imponente ante nosotras. Allí, la catedral de estilo gótico, con toda su enormidad me daba la bienvenida a la ciudad. Paseamos por la Galleria Vittorio Emanuele II, uno de los pasajes comerciales más bonitos del mundo, y cambiamos de dirección hacia la plaza de la Scala, donde pude observar su fabuloso teatro. De camino hasta el castillo Sforzesco, descubrimos la Piazza Mercanti, donde se encuentra el Palazzo della Regione. Atravesando via Dante, una de las más importantes de la localidad, divisamos al fin el castillo Sforzesco, construido inicialmente como fortaleza en 1368. Tras la caminata, decidimos tomar el famoso aperitivo italiano en el área de Navigli, una de mis favoritas. Cuando llegamos a UGO, me conquistó. Definitivamente entendí que la felicidad es compartir una copa de vino brindando por la amistad en cualquier rincón del mundo. Finalizamos la noche en Ricci, otro lugar con encanto situado cerca de la Piazza della Repubblica.


|Atardecer en Navigli|



|Prosecco at UGO|
Febrero y el vino hacían de las suyas, y durante los siguientes días decidimos tomárnoslo con calma. Recorrimos el Cementerio Monumental admirando la grandiosidad de la arquitectura de las tumbas, visitamos la iglesia de Sta. Maria delle Grazie con el fin de poder contemplar la última cena de Leonardo Da Vinci, admiramos la basílica de San Ambrosio y callejeamos por Chinatown. Anduvimos por Navigli horas y horas, con una copa de vino en la mano y una sonrisa en la cara, disfrutamos de los aperitivos en Moscova y Le Colonne. Fue entonces cuando supe que tenía que volver. Milán, frenética como pocas, me cautivó por completo.




Julio.

Sólo había pasado un mes desde el momento más duro y traumático por el que he tenido que atravesar en mi vida. Necesitaba escaparme. Huir. Irme lejos. No recibir condolencias. Asumir el dolor para poder volver a ser yo. Necesitaba espacio y cariño -más de lo primero que de lo segundo. Tenía que asumir el vacío para continuar, así que hice las maletas y me fui. Esta vez fueron un grupo de italianos los que con su parloteo y carisma me hicieron volver a reír fuerte, a carcajada limpia.

|Duomo|


Aterricé y, al contrario que en febrero, una ola de calor me invadió. No podía aguantarme las ganas de ver Milano soleada, vibrante de buen humor. La familia me acogió con una increíble cena italiana en Vía Giuseppe Ripamonti antes de salir de fiesta a VOLT. De los italianos he aprendido que, como la familia,  el techno y los aperitivos son sagrados. Y en eso se basó mi viaje.

Incitada por mi querido Giacominino, tomamos un tren en la estación de Cadorna hasta Como Nord Lago. Una vez allí, accedimos a los jardines de Villa Balbianello. Esta villa fue edificada en 1787 por el cardenal Angelo Maria Durini; sin embargo, tras su muerte fue Giuseppe Arconati Visconti quien la adquirió mejorando los jardines. Las vistas son encantadoras, al igual que las panorámicas que se pueden observar desde el funicular que te lleva a la fonte del Pissarottino. Si podéis, os recomiendo alquilar un barco para disfrutar cómodamente de los parajes que ofrece la región de Lombardía. Desde mi punto de vista, fue lo mejor de la escapada. Además, la región de Como es famosa por sus telas de alta calidad, así que no dudéis en adquirir un lujoso y bonito detalle de la localidad. Para culminar el día, cenamos en Madeira y terminamos la noche en Le Jardin, Milano.

|Lago di Como|



|Terme Porta Romana|
Tocaba volver a las andadas después de un día alejados de la ciudad, así que decidimos hacer de Porta Romana un paraíso. Descubrí por sorpresa -benditos y románticos italianos- las termas que albergaba Porta Romana y disfruté de un día inigualable. El edificio de estilo art nouveau ofrece un viaje multisensorial: desde tratamientos de masaje relajante hasta brunch a orillas de la piscina. Más calmada que nunca aparecí en Colonne di San Lorenzo, de día un monumento plenamente turístico, de noche, un guiño a la movida milanesa.

Recorrí innumerables rincones y galerías, me bebí incontables copas de vino, descubrí los mejores lugares donde tomar el aperitivo y bailé al son del mejor techno de la ciudad. Entre mis lugares favoritos siempre estarán cualquier recodo a las orillas de Navigli, Dolce&Gabbana Bar Martini, Radetzky en Moscova...

Hace mucho que aprendí los beneficios que obtienes de viajar, pero este viaje me ha enseñado mucho más. Quien bien te quiere te brinda, te coge la maleta después de un viaje largo, te escucha, te aconseja, te hace reír, se recorre la ciudad en busca de crema antibiótica contra las picaduras, te sorprende, te mima, te hace de rabiar, te cocina, baila contigo y te añora antes de marchar. Grazie raggazi, nos vemos pronto. Hasta la próxima, Milano.



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