miércoles, 20 de abril de 2016

"Todo sobre Florencia parece estar coloreado con un tono violeta suave, como el vino diluido"

Esta vez, con maleta y pasaporte en mano, me dispuse a emborracharme a costa del arte florentino.


Conocida como la Ciudad del Arte, Firenze, me acogió entre sus históricas calles. Esta pequeña metrópoli situada en la región toscana del territorio italiano, constituye, desde mi punto de vista, la embajada europea de arte e historia. Si bien es conocida por sus famosos monumentos, en camino del uno al otro, vino el resto, apareciendo ante mis ojos imponentes obras de arte.

Iglesias Álvarez, Irene | Piazzale Michelangelo views.

Florencia, capital de la Toscana,  es una de las ciudades más bellas del mundo para revivir el renacimiento y sumergirse en un paradigma de la cultura europea que evoca el espíritu más profundo del arte y la historia occidental. Desbordante, apasionante, escultural, grandiosa, la ciudad del arte se estructura en torno a  dos espacios: centro religioso, con la Piazza del Duomo como epicentro, y el centro político, coronado por la Piazza de la Signoria.




El centro religioso de la ciudad se alza principalmente en la Piazza del Duomo. Allí, encontramos el Duomo, o catedral, Santa Maria del Fiore, con un impecable estilo gótico. Frente a la catedral, el Baptisterio di San Giovanni, obra maestra encuadrada en el romántico florentino. Tras la catedral, el Campanile di Giotto, o campanario, conocido como "el lirio de Florencia", punto panorámico de la ciudad junto con el mirador situado en Piazzale Michelangelo.

Iglesias Álvarez, Irene | Duomo.


La Piazza della Signoria, sede del poder civil, alberga en su interior el Palazzo Vecchio. Considerada el corazón de la vida social de la ciudad, se encuentra en la parte central de la Florencia Medieval, al sur del Duomo, a pocos pasos del río Arno y el Ponte Vecchio.

Iglesias Álvarez, Irene | Santa María Novella.

Según la tradición de la Fontana del Porcellino, quién ponga una moneda en la boca del jabalí de bronce, y consiga que ésta entre por la reja situada debajo del animal, tendrá buena fortuna y se asegurará su vuelta a la ciudad. Por ello, y gracias a mi buena maña, aún no le puedo decir adiós a esta bella ciudad, sino hasta pronto.


Por último, me gustaría añadir que se trató de un viaje increíble a la par que especial. En primer lugar, gracias Javier Gutiérrez Quintana, por acogerme, por hacer de su casa la mía en mi estancia en la capital, por hacerme feliz y por hacerme sentir orgullosa de ti. Ti voglio tanto, tanto, bene. A Cristina Caselles Ibáñez, gracias por el cariño, por la paciencia, por las confidencias, por las aventuras. Battisti: "Io ti apro il mio cuore".

¡Ciao Firenze!



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