martes, 29 de agosto de 2017

Escapada a la portuaria Marsella

Que el mar cura, es algo que aprendí hace muchos años de mamá. Marsella me acogió entre un fino olor a sal, sol y numerosos rincones que descubrir. A pesar de mi idea preconcebida, he de decir que tras un par de días en la región de la Provenza, cuento las horas para volver.

|El mar cura. Atardecer Fort St. Jean|
Era febrero cuando decidí embarcarme en otra aventura y visitar el sur de Francia. Marsella fue paz en el momento más caótico de mi vida. Mi andanza comenzó despertando todos mis sentidos en torno al Vieux Port, el llamado Puerto Viejo de Marsella. Allí, en el corazón de la ciudad, imaginé innumerables historias de pescadores, comerciantes y viajantes extranjeros. Desde el S.XVII, la entrada al puerto está vigilada por dos fuertes desde los que contemplar atardeceres utópicos: Fort Saint Jean y Fort Saint Nicolas



Mi fascinación por el mar comenzó desde pequeña; quizás sea por eso que siempre soñé con tener un barco con el que navegar y disfrutar de las maravillas escondidas en las islas y los mares. Pero de sueños se vive, así que tuve que conformarme con visitar el archipiélago de Frioul en una embarcación turística. Frioul está compuesto por cuatro islas situadas en las aguas del mediterráneo: Pomeguès, Ratonneau, If y Tiboulen. El archipiélago con silueta de piedra caliza, perteneciente a Marsella desde 1971, está inserto en el Parque Nacional des Calanques.

|Parque Natural des Calanques|

Poco a poco nos fuimos adentrando en la ciudad. La pateamos. Nos perdimos. Nos encontramos. Y la disfrutamos -mucho. Visitamos incontables iglesias olvidadas en callejuelas cualquiera, la Cathedrale Notre Dame De La Major, construida con piedras de color rosa procedentes de la cantera La Couronne, el Musée Des Civilisations De L´Europe Et De La Mediterranée (MUCEM), la extensa Canebiére, ampliación de la ciudad ordenada por Luis XIV, el asombroso Palacio de Longchamp, el barrio Le Panier, de belleza inigualable y memorable historia...

|Atardecer Notre-Dame de la Major|


Sin lugar a dudas, he creído necesario realizar un párrafo a parte para relataros cómo exploramos la imponente basílica de Notre-Dame De La Garde. La noche anterior a nuestra visita a la basílica de culto católica, disfrutamos con todo en Le Panier, así que decidimos hacer uso del Petit Train Touristique de Marseille para llegar hasta lo alto de la colina de la Garde. ¡La mejor idea del mundo! Situada a 162 metros de altura al sur del Vieux-Port, su silueta de estilo neo-bizantino está coronada por una efigie dorada de 11 metros de altura que representa a la Virgen María sobre el campanario. La basílica es popularmente conocida como la Bonne Mére.

|Vistas desde Notre-Dame de la Garde|


Alguien dijo alguna vez que cuando los hombres necesitan la diversidad, viajan. Así lo hicimos, durante cuatro días fuimos parte de la multiculturalidad que reina en Marsella. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario