Esta vez, me embarcaba en un viaje diferente: durante quince días tendría el placer de renacer en Dublín. Y así fue, empecé de cero, me reinventé y, "cuando yo muera, Dublín estará -aún- escrito en mi corazón".
Mejor tarde que nunca.
Contra todo pronóstico, minutos después de aterrizar, quedé embelesada por la ciudad. Dublín, capital de la suerte, de los pubs, de la música en directo, de las fábulas y leyendas, de las flores, del whiskey (agua de la vida para los irlandeses) y, como no, de la cerveza, se presentaba ante mí con un color grisáceo debido a su cielo encapotado, que acentuaba aún más si cabe, el contraste con la personalidad de sus habitantes.
Un viaje diferente cuanto menos. En primer lugar, el motivo de mi visita a la capital de la República de Irlanda residía en la necesidad de mejorar mi nivel de inglés; por ello, asistía diariamente al Horner School. Este hecho supuso que dejase de lado la alternativa de hospedarme en los mejores hoteles de la ciudad y buscase una residencia estudiantil. Y así fue, junto al río Liffey y cobijada en el área financiera de Dublín (IFSC), se erguía el National College of Ireland (NCI), mi hogar durante mi estancia en la capital.
Cosmopolita a la par que íntima, Dublín se divide en veinticuatro distritos diferentes comprendidos en dos zonas separadas por el río Liffey y los numerosos puentes que vinculan ambas partes de la ciudad. Entre dichos puentes cabe destacar el Ha´ penny Bridge o el Puente del Medio Penique, su nombre se debe a que antiguamente, durante la época de crisis que sufrió la ciudad, todo aquel que quisiera cruzar de un lado a otro del río debía pagar un peaje de medio penique. Además, señalar otros viaductos como: Puente del Milenio, Puente O´Connell o el Puente Sean O´Casey.
Dublín es una ciudad pequeña y acogedora, no obstante, está muy viva. Entre todo lo que pude visitar en mi estancia en la capital recomendaría: dentro del área medieval, la Catedral de San Patricio, el "Dublin Castle" y la cárcel de la ciudad, "Kilmainham Gaol". En cuanto al Dublín del S. XVIII, conocido como período georgiano, cabe destacar el Trinity College, con su embelesante biblioteca donde se encuentra el Libro de Kells, el Banco de Irlanda, el monumento a las víctimas de la gran hambruna irlandesa y la calle más emblemática de la ciudad, Grafton Street, donde podremos apreciar la estatua dedicada a Molly Malone y tocarle el pecho para asegurarnos nuestra vuelta a la capital de la República de Irlanda. De ambiente moderno, destacar sin lugar a dudas, la famosa Fábrica Guinness y el mirador situado en el último piso de la misma, desde donde podrás contemplar unas vistas increíblemente bellas de la ciudad.
Párrafo a parte para mi zona preferida, aquella que me robó el corazón nada más verla: el área de Temple Bar. De belleza superlativa, Temple Bar constituye el eje principal sobre el que se yergue la vida noctura de la capital irlandesa; atestado de pubs centenarios, flores, cerveza y canciones folclóricas es sin duda un rincón en el que pasar momentos inolvidables. Destacar las "Monday Nights at The Temple Bar" con música en directo para cantar a pleno pulmón en uno de los pubs más famosos de la ciudad. No obstante, para los inconformistas y amantes inigualables de la fiesta, existe la alternativa de las discotecas: Dicey´s Garden Club, The Riverbar, Howl at the Moon ...
Añadir, que durante mi estancia en Dublín, también pude recorrer parte de Irlanda del Norte y descubrir: "Carrick-a-rede-rope-Bridge", "Cliffs of Moher", "Giant´s Causeway" y montones de lugares asombrosos. Asimismo, si podéis, no dudéis en visitar pueblos y aldeas costeras cercanas a la capital: Howth, Malahide, Dalkey ...
Aterricé en Dublín en un momento difícil en mi vida y resultó ser un soplo de aire fresco, una fuente de energía inmesurable y un lugar que llevar en la piel. Así, "cuando yo muera, Dublín estará escrito en mi corazón".
Un viaje diferente cuanto menos. En primer lugar, el motivo de mi visita a la capital de la República de Irlanda residía en la necesidad de mejorar mi nivel de inglés; por ello, asistía diariamente al Horner School. Este hecho supuso que dejase de lado la alternativa de hospedarme en los mejores hoteles de la ciudad y buscase una residencia estudiantil. Y así fue, junto al río Liffey y cobijada en el área financiera de Dublín (IFSC), se erguía el National College of Ireland (NCI), mi hogar durante mi estancia en la capital.
Cosmopolita a la par que íntima, Dublín se divide en veinticuatro distritos diferentes comprendidos en dos zonas separadas por el río Liffey y los numerosos puentes que vinculan ambas partes de la ciudad. Entre dichos puentes cabe destacar el Ha´ penny Bridge o el Puente del Medio Penique, su nombre se debe a que antiguamente, durante la época de crisis que sufrió la ciudad, todo aquel que quisiera cruzar de un lado a otro del río debía pagar un peaje de medio penique. Además, señalar otros viaductos como: Puente del Milenio, Puente O´Connell o el Puente Sean O´Casey.
|Río Liffey, Dublín|
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Dublín es una ciudad pequeña y acogedora, no obstante, está muy viva. Entre todo lo que pude visitar en mi estancia en la capital recomendaría: dentro del área medieval, la Catedral de San Patricio, el "Dublin Castle" y la cárcel de la ciudad, "Kilmainham Gaol". En cuanto al Dublín del S. XVIII, conocido como período georgiano, cabe destacar el Trinity College, con su embelesante biblioteca donde se encuentra el Libro de Kells, el Banco de Irlanda, el monumento a las víctimas de la gran hambruna irlandesa y la calle más emblemática de la ciudad, Grafton Street, donde podremos apreciar la estatua dedicada a Molly Malone y tocarle el pecho para asegurarnos nuestra vuelta a la capital de la República de Irlanda. De ambiente moderno, destacar sin lugar a dudas, la famosa Fábrica Guinness y el mirador situado en el último piso de la misma, desde donde podrás contemplar unas vistas increíblemente bellas de la ciudad.
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|Vistas desde la Guinness Storehouse|
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Párrafo a parte para mi zona preferida, aquella que me robó el corazón nada más verla: el área de Temple Bar. De belleza superlativa, Temple Bar constituye el eje principal sobre el que se yergue la vida noctura de la capital irlandesa; atestado de pubs centenarios, flores, cerveza y canciones folclóricas es sin duda un rincón en el que pasar momentos inolvidables. Destacar las "Monday Nights at The Temple Bar" con música en directo para cantar a pleno pulmón en uno de los pubs más famosos de la ciudad. No obstante, para los inconformistas y amantes inigualables de la fiesta, existe la alternativa de las discotecas: Dicey´s Garden Club, The Riverbar, Howl at the Moon ...
|The one&only, The Temple Bar|
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|Carrick-a-rede-rope-bridge views|
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|Carrick-a-rede-rope-bridge|
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|Giant´s Causeway|
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Aterricé en Dublín en un momento difícil en mi vida y resultó ser un soplo de aire fresco, una fuente de energía inmesurable y un lugar que llevar en la piel. Así, "cuando yo muera, Dublín estará escrito en mi corazón".


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