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viernes, 27 de marzo de 2020

Cuestión de contrastes

Quizás, después de un abandono más que absoluto y teniendo en cuenta la situación excéntrica que nos ocupa a causa de ese pequeño virus con silueta de corona, ha llegado el momento de volver a dedicar unas líneas a aquello que me oxigena. El mundo parece haberse tomado un respiro: las fronteras, cerradas a cal y canto; las ciudades, azotadas por la pandemia; las personas, relegadas al confinamiento. Ahora, con mi vida en 'stand by', encerrada entre cuatro paredes, intentando dejar a un lado el dolor que se condensa en la atmósfera, he optado por evadirme. Viajar no siempre es huir, a veces es querer quedarse, encontrar un hogar a millones de kilómetros de casa.

 
Con todo lo moderna que me creía, lo cierto es que siempre fui una mujer de convicciones, de rutinas, de tradiciones; por eso, que uno de los pilares fundamentales que sostenían mi estabilidad se mudara durante unos meses a la punta opuesta del globo terráqueo me tenía al borde de la taquicardia. Sin embargo, fui fuerte, nunca jamás se lo dije, la apoyé hasta las últimas consecuencias y, tras hacer las gestiones oportunas en el trabajo, adquirí un billete de ida y vuelta con destino Shanghái. Finales de octubre, comienzo de la aventura. Ahí estaba yo, de pie frente al mostrador de Iberia esperando el exterminio de una larga línea hasta facturar mi equipaje. Fue entonces, a un paso de embarcarme en un vuelo de, aproximadamente, 12 horas, cuando presentí que los kilómetros que me separarían de mi Madrid natal no me iban a hacer echar de menos la tierra que me cobija.
 
La llegada a Shanghái se hizo larga, aunque tardaría cinco horas más en alcanzar mi destino final, Ningbo. Ubicada en la provincia de Zhejiang, se ha consolidado a lo largo de los años como el principal puerto de la región. Tras un vuelo interminable y un viaje en autobús agotador conseguí encontrar a mi amiga en la estación; créanme si les digo que fue poco menos que una odisea. Minutos después, tras un abrazo que 'ni fu ni fa', porque nunca tuvimos esa clase de relación de amigas que se demuestran con gestos de cariño que se quieren, tomamos un Didi hacia nuestro hotel. Una ducha más tarde y mil historias de por medio nos llevaron hasta el centro de la ciudad. Allí, en un pequeño restaurante nada abarrotado debido a las horas que corrían, comimos baos e hicimos la promesa de volver pronto a 'casa' para descansar. Antes de conocer a quienes serían el 'squad' de mi amiga y mis próximos anfitriones en sus planes, paseamos por el campus de la Universidad de Nottingham. Descubriendo todos los rincones del enorme complejo, parecía como si nos hubiéramos trasladado, casi sin quererlo, a los veranos que disfrutamos en la localidad inglesa. Años más tarde, quién nos iba a decir que acabaríamos rememorando aventuras en versión asiática. Esa noche recordé por qué siempre quisimos irnos. Constatar que tenía un bar de confianza como Mohar al lado de la universidad donde jugar a los dados y las apuestas y beber Tsingtao en torres de litros me dio la vida y me la quitó con la resaca que nos proporcionó al día siguiente.
 
 
Drum Tower Complex at the Old Town, Ningbo. Imagen: Irene Iglesias Álvarez
 
 
Las primeras horas en China servirían como prólogo a lo que vino después. Anduvimos kilómetros descubriendo una ciudad inmesa. Entre las principales atracciones a disfrutar hagan hueco a la Librería Tianyi, al Museo de Ningbo, el Templo Asoka o el Templo Tiantong, o como punto de interés al Ningbo Wulong Pond. Párrafo aparte para el corazón de la ciudad, 'Old Town', situado en la confluencia de los ríos Yong y Yuyao. Los colores vibrantes, la arquitectura tradicional china, la forma en la que lo antiguo y lo moderno conviven, las pequeñas tiendas y comercios que atraen a los turistas y locales, los nuevos olores provenientes de la cocina en la calle son solo unas pinceladas de lo que esconde. Una vez me fui acostumbrado a la comida con palillos y a los baños chinos, me sentía en armonía.
 
Desde Ningbo nos montamos en un tren hasta la provincia de Hangzhou, una ciudad maravilla bañada por el agua. Tres pilares importantes que visitar: el Templo Lingyin, la pagoda de las 'Seis Armonías' y el West Lake. El lago del oeste y su pintoresco y vasto paisaje son de una belleza inimaginable, no en vano fueron nombrados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Podéis disfrutar del West Lake y de sus más de 8 kilómetros de extensión desde la ciudad o pasear con una barca contemplando los bellos paisajes que tantos mitos y leyendas han aportado a la literatura china.
 
 
Day off. West Lake in Hangzhou. Imagen: Irene Iglesias Álvarez

 
 

Shanghái fue el último peldaño antes de emprender el rumbo a Madrid. Me cautivó. Aún, a día de hoy, sigo tachando números en el calendario para volver. Creo que sigo sin palabras, pero trataré de explicarlo. Hay sitios, rinconcitos, que inevitablemente te enganchan, su energía conecta con tu ser, cosechas millón y medio de anécdotas en sus calles y te perderías por los viales cualquier día de tu vida sabiendo que siempre descubrirías algo nuevo. De eso se trata. La curiosidad no mató al gato, queridos, hizo que este se supiera más fuerte; la información es poder, os lo recuerda una periodista. Hace años que cualquiera que me conoce sabe que soy una mujer cosmopolita, quizás por eso Shanghái y yo encajamos como piezas de puzle.  Una ciudad de contrastes dividida por el río Huangpu: a un lado, el Bund; al opuesto, Pudong. El Bund todavía conserva algunos edificios de origen gótico, románico, neoclásico, barroco y renacentista que constituyen un legado del primer distrito comercial de la ciudad; en contraposición, Pudong ofrece la visión más moderna de un armonioso 'skyline'.

From the Bund, directly to your heart. Imagen: Irene Iglesias Álvarez


Hay un sinfín de blogs de viajes dedicados, exclusivamente, a la recomendación de lugares, a la elaboración de hojas de ruta para x días; no obstante, quería hacerles partícipes de cómo, cuando dejas los prejuicios en casa, te enamoras. Ese es mi 'motto' sobre viajar. Nunca creí que escribiría sobre China con un mimo especial, que tendría un deseo irrefrenable de regresar. Por eso precisamente este post no les servirá como guía, sino como aliciente. A estas alturas de la entrada se habrán percatado que cuento una experiencia, no enumero lugares, y quería concluir en la misma línea, aunque sí que les diré sin lo que no pueden pasar: Old Town Shanghái, fake market, People's Square, Owner Circle Club, The Captain... ¡Ya me lo agradecerán!

Shanghái fue vibrante, cansado, pero pleno. Fue oxígeno en vena, ilusión por vivir, aspiración y despedida emotiva. En el aeropuerto de Pudong, tras una última noche en Bar Rouge, entendí que el miedo es un sobrepeso en el equipaje del que debemos deshacernos, que no quería volver a Madrid, que ya me sentía en casa. De esta forma, iniciada la cuenta atrás para acostarme en un incómodo asiento en turista, me reafirmé en que no es dónde, sino con quién. Gracias, amiga.


 

lunes, 29 de agosto de 2016

Dublín, un lugar mágico

Esta vez, me embarcaba en un viaje diferente: durante quince días tendría el placer de renacer en Dublín. Y así fue, empecé de cero, me reinventé y, "cuando yo muera, Dublín estará -aún- escrito en mi corazón".


Mejor tarde que nunca.

Contra todo pronóstico, minutos después de aterrizar, quedé embelesada por la ciudad. Dublín, capital de la suerte, de los pubs, de la música en directo, de las fábulas y leyendas, de las flores, del whiskey (agua de la vida para los irlandeses)  y, como no, de la cerveza, se presentaba ante mí con un color grisáceo debido a su cielo encapotado, que acentuaba aún más si cabe, el contraste con la personalidad de sus habitantes.

Un viaje diferente cuanto menos. En primer lugar, el motivo de mi visita a la capital de la República de Irlanda residía en la necesidad de mejorar mi nivel de inglés; por ello, asistía diariamente al Horner School. Este hecho supuso que dejase de lado la alternativa de hospedarme en los mejores hoteles de la ciudad y buscase una residencia estudiantil. Y así fue, junto al río Liffey y cobijada en el área financiera de Dublín (IFSC), se erguía el National College of Ireland (NCI), mi hogar durante mi estancia en la capital.

Cosmopolita a la par que íntima, Dublín se divide en veinticuatro distritos diferentes comprendidos en dos zonas separadas por el río Liffey y los numerosos puentes que vinculan ambas partes de la ciudad. Entre dichos puentes cabe destacar el Ha´ penny Bridge o el Puente del Medio Penique, su nombre se debe a que antiguamente, durante la época de crisis que sufrió la ciudad, todo aquel que quisiera cruzar de un lado a otro del río debía pagar un peaje de medio penique. Además, señalar otros viaductos como: Puente del Milenio, Puente O´Connell o el Puente Sean O´Casey.

|Río Liffey, Dublín|

Dublín es una ciudad pequeña y acogedora, no obstante, está muy viva. Entre todo lo que pude visitar en mi estancia en la capital recomendaría: dentro del área medieval, la Catedral de San Patricio, el "Dublin Castle" y la cárcel de la ciudad, "Kilmainham Gaol". En cuanto al Dublín del S. XVIII, conocido como período georgiano, cabe destacar el Trinity College, con su embelesante biblioteca donde se encuentra el Libro de Kells, el Banco de Irlanda, el monumento a las víctimas de la gran hambruna irlandesa y la calle más emblemática de la ciudad, Grafton Street, donde podremos apreciar la estatua dedicada a Molly Malone y tocarle el pecho para asegurarnos nuestra vuelta a la capital de la República de Irlanda. De ambiente moderno, destacar sin lugar a dudas, la famosa Fábrica Guinness y el mirador situado en el último piso de la misma, desde donde podrás contemplar unas vistas increíblemente bellas de la ciudad.

|Vistas desde la Guinness Storehouse|


Párrafo a parte para mi zona preferida, aquella que me robó el corazón nada más verla: el área de Temple Bar. De belleza superlativa, Temple Bar constituye el eje principal sobre el que se yergue la vida noctura de la capital irlandesa; atestado de pubs centenarios, flores, cerveza y canciones folclóricas es sin duda un rincón en el que pasar momentos inolvidables. Destacar las "Monday Nights at The Temple Bar" con música en directo para cantar a pleno pulmón en uno de los pubs más famosos de la ciudad. No obstante, para los inconformistas y amantes inigualables de la fiesta, existe la alternativa de las discotecas: Dicey´s Garden Club, The Riverbar, Howl at the Moon ...

|The one&only, The Temple Bar|


Añadir, que durante mi estancia en Dublín, también pude recorrer parte de Irlanda del Norte y descubrir: "Carrick-a-rede-rope-Bridge", "Cliffs of Moher", "Giant´s Causeway" y montones de lugares asombrosos. Asimismo, si podéis, no dudéis en visitar pueblos y aldeas costeras cercanas a la capital: Howth, Malahide, Dalkey ...

|Carrick-a-rede-rope-bridge views|

|Carrick-a-rede-rope-bridge|

|Giant´s Causeway|


Aterricé en Dublín en un momento difícil en mi vida y resultó ser un soplo de aire fresco, una fuente de energía inmesurable y un lugar que llevar en la piel. Así, "cuando yo muera, Dublín estará escrito en mi corazón".

lunes, 28 de marzo de 2016

Berlín, inspiradora a la par que revolucionaria

Hace unas semanas regresé de Berlín con una sensación revolucionaria. Intuyo- no sé si hábilmente- que esto se debe al carácter reivindicativo que queda plasmado en ciertos monumentos, calles e, incluso, en la personalidad de los habitantes que conforman la ciudad. Berlín es irreverente. A priori, jamás hubiese adivinado que se tratase de la capital de la sobria y formal Alemania.


La ciudad berlinesa es un templo para los amantes de la historia del mundo actual. Berlín trata de cultivar a sus paisanos y a los turistas que acoge, mostrando los resquicios del acontecer que tuvo lugar en sus calles. La cultura hace la revolución; es imposible una revolución sin cultura y, permítanme añadir que, sobre eso, Berlín tiene idea.

Iglesias Álvarez, Irene | Berlín Wall: Save Our Earth.

La capital alemana es una ciudad moderna, tras la 2º Guerra Mundial, la mayoría de la metrópoli, junto a los edificios y monumentos más significativos, quedaron destruidos. Aún así, Berlín está repleta de lugares que descubrir: la famosa puerta de Brandemburgo, la catedral de Berlín, el Reichstag, Checkpoint Charlie, la Isla de los Museos y el emblemático Muro de Berlín, entre otros.

Iglesias Álvarez, Irene | Brandemburg Tor sunset.


Siempre la consideré especial. A día de hoy, he averiguado el porqué: es una ciudad valiente, luchadora, reivindicativa, soñadora, tolerante e inspiradora. Ich bin ein berliner!

Iglesias Álvarez, Irene | West Side Gallery, Berlín.
En un contexto diferente, años más tarde, con el muro a medio derruir y convertido en una obra de arte liberal, oponiéndome a la famosa frase que pronunció Reagan: "Señor Gorbachov, eche abajo este muro", he de decir que ojalá siga en pie muchos, muchos años más.

Ha sido un placer, Berlín. Nos volveremos a ver.


domingo, 1 de noviembre de 2015

``Londres, una moderna Babilonia´´


La capital británica, se ha consolidado como una de las ciudades más visitadas del mundo en las últimas décadas. Esto no es de extrañar, ya que como sentenció Samuel Johnson, figura literaria inglesa: ``Cuando un hombre está cansado de Londres, está cansado de la vida; en Londres hay todo lo que la vida puede ofrecer´´. Se trata de la metrópolis multicultural por excelencia; Londres es una ciudad cosmopolita, de contrastes, que brinda aventuras, sueños y una mezcla de clasicismo y modernidad en cada uno de sus distritos. Todo ello, está vinculado con que sea la ciudad elegida por millones de curiosos turistas para ser el escenario de un nuevo viaje.



Londres, tan querida y tan odiada, posee un espacio para embelesar a todo tipo de personalidades. Así, en el Londres más imperial y clásico, lleno de historia, podemos visitar el Palacio de Buckingham, la famosa e imponente Abadía de Westminster, el Big Ben y las Casas del Parlamento, el Palacio de St. James, la Catedral de San Pablo, Tower Bridge; un sinfín de museos tales como: The British Museum, The National Gallery, Tate Modern, Natural History Museum… Además del Londres tradicional, deberíais sucumbir ante los encantos de Piccadilly Circus, el barrio chino más famoso de todo Londres: Chinatown, Trafalgar Square, The London Eye o una noche en Soho. Asimismo, para los más alternativos, la capital británica oferta numerosos planes a base de mercadillos, como el de Camden Town, el de Portobello Road o el Spitafields Market; arte ubano, como el que encontramos en el asombroso barrio de Shoreditch; y fiesta en discotecas y pubs como KoKo, Tiger Tiger o The Dogstar.



Irene Iglesias Álvarez. Título: Donde se enfrenta la ciudad. 

Conservadora y excéntrica como buena británica, Londres es una ciudad rígida por fuera e irreverente por dentro: por ello y más, encabeza las listas de las ciudades más visitadas del mundo.

Fuentes de información determinadas:
  1. Blog Personal, El Magazine del Viajero, http://www.liligo.es/magazine-viajes/10-ideas-visitar-londres-alternativo-66291.html. 
  2. Ciudades Panorámicas, (18 de noviembre de 2012), Londres-Inglaterra, https://www.youtube.com/watch?v=VupykmeN-xM   
  3. Gallimard y Equipo Editorial Ediciones B. (11 de febrero de 2015), Londres (Plano-Guía), Barcelona, Editorial Ediciones B, ISBN: 9788466655255 (Guía Turística).
  4. Infante Cabrera, Guillermo, citando a Samuel Johnson: ``Cuando un hombre está cansado de Londres, está cansado de la vida; en Londres hay todo lo que la vida puede ofrecer´´. Quien está cansado de Londres, (1 de junio de 1987), Diario El País. (Cita) http://elpais.com/diario/1987/06/01/opinion/5494968_850215.html. 
  5. Just Go, Agencia de Información sobre la vida londinense, hello@justgo.com. www.justgoo.com/party-in-london-por-zonas 
  6. Visit London, Guía Turística Oficial de la Ciudad de Londres. http://www.visitlondon.com/ 




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